Realmente una jugada maestra (aquí en el Perú). El maestro de maestros, el jefe de la mafia, el piraña mayor, el presidente de la hermandad, en fin, el conductor de la manada, se salió con la suya. Y muchos cayeron en su embuste, hasta los más pintados analistas y los más connotados politólogos.
Envió a sus acólitos a alborotar el gallinero y las gallinas, los polluelos y hasta los gallos, cayeron en sus redes machiavélicas. A los medios les cayó como patada en la lengua y reaccionaron tal como el padrino quería que lo hicieran. "No pasa, no debe pasar y... no pasará", dijeron en forma resuelta y a una sola voz ante tamaña afrenta contra la libertad de expresión. Sin que apareciera un líder visible, rápida, pero férreamente estos desenfundaron sables y se dispusieron a dar dura batalla unidos en un solo y monolítico frente antimordaza.
Las opiniones de los entendidos, en los más diversos tonos y calibres, no se hicieron esperar. Mientras el inquilino de la casa mayor se reforcía de la risa en espera del momento oportuno para aparecer en escena, los otorongos de diverso pelaje se enfrascaban en encarnizada pelea con la bufalería de vieja y nueva estirpe en el Congreso.
Pasados tres días de tan cómico enfrentamiento, el susodicho personaje apareció en el tabladillo y con engolada voz y tono resuelto dijo ¡Basta! La discusión terminó, las aguas se aquietaron, los medios celebraron a su regalado estilo y la opinión pública empezó, nuevamente, a creer en los vientos democráticos que, a partir de esta nueva postura, soplan alrededor de la Casa de Pizarro.
La jugada había concluido y tan solo falta saber que tan efectiva fue esta. Las encuestas, o mejor dicho los encuestados, tendrán la palabra final. ¿Será acaso que se la creyeron? ¿O tendrán el pálpito de que se trata, tan solo, de un nuevo faenón con tufillo a cortina de humo?
En lo que a mi respecta, no le creo ni lo que come. Es más, considero que la jugada fue muy torpe, pues el origen de la misma estaba más cantado que la goleada de Argentina contra el Perú en Buenos Aires por un contundente pero vergonzoso 6 a 0. Pero así son las cosas en este bendito país donde cualquier cosa puede ocurrir. Si, cualquier cosa, como que una virgen llore o que los muertos bailen cha-cha-chá.
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